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ISLA DE REUNIÓN
Aventuras mil en tierra de piratas.
Texto y Fotos: Sergi Reboredo
 
De pasado bucanero, enclavada en el azul intenso del Océano Indico, salvaje por su exuberante vegetación que incluye un excepcional relieve volcánico y montañoso, de exquisita gastronomía y además europea. Todo eso y más es Reunión.
 
 

Está ubicada en el Océano Índico entre Madagascar y Mauricio. Quizás paisajísticamente se asemeja mucho a las Islas Hawaii. Políticamente, Reunión es un pedazo de Francia perdido en el océano, un pedazo de tierra tan exuberante y escarpado que parece recién salido del mar.

La isla estaba desierta cuando en 1665, Colbert, ministro de Louis XIV, encomienda a la Compañía de las Indias Orientales que organice su población. Una vez ganada la batalla a los piratas que deambulaban por la zona, los franceses poblaron la isla (llamada en aquel momento Isla Borbón en homenaje al rey de Francia), introduciendo esclavos negros procedentes de Madagascar para cultivar la tierra. La llegada de éstos coincide con el establecimiento de la colonia francesa a principios del siglo XVIII y el inicio del cultivo del café. Hoy todos aquellos bellos campos de café han sido sustituidos por enormes plantaciones, en su mayoría de caña de azúcar y, en menor grado, de vainilla.


La abolición de la esclavitud llegó en 1848. Ese año alrededor de 62.000 esclavos fueron liberados pacíficamente, a la vez que muchos colonos, descontentos con la nueva situación, se autoexiliaron en las montañas del interior.

"Reunión es un pedazo de Francia perdido en el océano, un pedazo de tierra tan exuberante y escarpado que parece recién salido del mar."

En la actualidad, la isla de Reunión tiene unos 800.000 habitantes, lo que la convierte en el departamento de ultramar francés más poblado. Su población es muy joven (4 de cada 10 habitantes tienen menos de 20 años) y se concentra en las costas. Su población es mestiza y multiétnica, debido a las aportaciones extranjeras.


Saint Denis, la capital.

Este mestizaje de la Isla de Reunión se hace muy evidente en Saint Denis, la capital. Los criollos de Reunión (un nombre que reciben quienes nacen en la isla, al margen de su origen étnico) constituyen la mayoría de la población. Entre los grupos no criollos también se incluyen personas procedentes de la Francia continental (conocidos como zoreils), y los originarios de Mayotte y las islas Comoras.

El área más cosmopolita de la ciudad lo constituye Le Barachois, el paseo marítimo de Saint-Denis, en el extremo oriental. Aquí se ubican los bares y terrazas más elegantes, así como el hotel Le Saint-Denis, uno de los más lujosos de la ciudad. En Saint-Denis se alzan impresionantes mansiones criollas. Para descubrir la ciudad, lo mejor es perderse por sus calles sin rumbo fijo. Entre otros puntos de interés destacan el monumento a los Caídos; el Ayuntamiento, considerado uno de los edificios más bellos de la urbe; la catedral de Saint-Denis; y la prefectura, cuya construcción se inició en 1735 y sirvió como sede de la Compañía francesa de las Indias. En el gran mercado se puede encontrar una mezcolanza de productos, desde objetos malgaches de madera hasta especias, cestos y muebles.


La zona costera y sus playas.

Aunque a Reunión no se viene en busca de playas, es imposible resistirse a su atractivo. Las mejores están en la costa oriental, en St-Gilles-les-Bains y Boucan-Canot, al sur de Saint-Paul, ambas protegidas por la barrera de coral de los tiburones, únicos animales temibles en esta zona, aparte de los mosquitos, la de Saint-Pierre permanentemente animada, y la Grande Anse situada en el inicio del llamado Salvaje Sur.

Aprovechando la visita por la costa, se puede hacer una parada técnica en el Cementerio de Saint Paul. Esta ciudad fue la antigua capital de Reunión, y todavía desprende un cierto aire colonial, además de un carácter tropical que se deja notar en sus edificios históricos, que vamos descubriendo al caminar por su paseo marítimo, flanqueado por varios viejos cañones y distintos cocoteros. El cementerio Marin, situado en las afueras, el cual está en buen estado de conservación, nos recuerda parte del pasado pirata de isla. De hecho, por aquí se encuentran tumbas de famosos piratas como la de Olivier Levasseur, apodado "La Buse" que significa el Halcón, y que descansa junto al famoso símbolo pirata de la calavera con tibias cruzadas. Su tesoro todavía se encuentra en paradero desconocido; antes de ser ajusticiado y de que le pusieran la soga al cuello, lanzó al publico asistente a su ejecución un plano con un jeroglífico del lugar en el que se encontraba el tesoro junto a las palabras “Mes trésors à qui saura comprendre!” (¡mis tesoros para quien lo comprenda!). De momento nadie lo ha comprendido, y el tesoro, se estima que actualmente tiene un valor de unos 80 millones de euros. Además de la tumba de Levasseur, en el cementerio Martin también reposan los restos de diferentes personajes históricos de Reunión.

La zona Este, es mucho más salvaje y agreste. Destaca entre Sainte Anne y Sainte Rose el puente colgante “Pont des Anglais” accesible solo para peatones.

Cerca de St Philippe se encuentra Le Puits Arabe, también llamado el jardín volcánico, un buen lugar en el que hacer un picnic o una pequeña caminata de media tarde. Está ubicado junto a enormes acantilados formados por lava en el que crecen enormes palmerales en un entorno impresionante e irrepetible.


Cumbre del Maido.

Accesible desde el Este de la isla, y después de zigzaguear innumerables curvas, se llega a la cumbre del Maido en la que se encuentra situado estratégicamente un mirador desde el cual se obtienen privilegiadas vistas a más de 2.000 metros de altura. Dos erupciones volcánicas sucesivas y siglos de erosión y hundimientos, ha esculpido tres exuberantes circos: Mafate, Salazie y Cilaos. Si bien es un lugar de difícil acceso, en el viven algunas comunidades nativas, muchas de ellas descendientes de esclavos que huyeron de las plantaciones de azúcar. Los tejados de algunas casas esparcidas se divisan entremezclados con la agreste naturaleza. Pese a su aislamiento, en cuestiones de turismo se han abierto e incluso ofrecen hospedaje alternativo y económico. Salazie es tal vez el circo más hermoso de todos, aunque no el más grande. Se accede por una carretera situada el Noroeste de la isla. Innumerables cascadas caen desde lo más alto, precipitándose por las escarpadas pendientes que van a morir al mar.

Al fondo, en lo más profundo, se encuentra Hell Bourg, un bellísimo pueblo de montaña de tradición termal, aunque un desastre natural truncó su proyecto de estación termal. El pueblo fue recuperado en los 80 y forma parte del catálogo de los pueblos más bellos de Francia. En el circo de Cilaos, hay una población del mismo nombre, donde es posible alojarse en algunos hoteles con encanto, como el Vieux Cep, y también destacan las coloridas mansiones criollas. Es una de las zonas asiduas para los amantes de la práctica de deportes de riesgo. Cerca de Hell Bourg también se encuentra el sendero de que permite visitar el bosque de Belouve, un microclima selvático perfecto para hacer un trekking. Se trata de un bosque primario con una flora similar a la de Madagascar en la que crecen enormes helechos y tamarindos, preciosas flores y gran cantidad de orquídeas.

"El pueblo de Hell Bourg fue recuperado en los 80 y forma parte del catálogo de los pueblos más bellos de Francia."

Camino de vuelta, por la misma carretera es posible pararse en algunos miradores orientados hacia la costa en los que es posible hacer picnic. A derecha e izquierda también se alternan algunas explotaciones familiares dedicadas al cultivo de las plantas aromáticas como por ejemplo la regentada por Isabel llamada la Maison del Geranium. En ella es posible ver como se destilan algunos perfumes a partir de los geranios, tomar un buen café y comprar buena artesanía local.


Piton de la Fourmaise.

Conforme nos acercamos al Este de la isla va haciendo aparición una de las piezas angulares del turismo de la isla, el Volcán Pitón de la Fournaise, uno de los más activos del mundo, ya que prácticamente casi todos los años se producen explosiones o emisiones de lava. Sus erupciones atraen a miles de visitantes. Las coladas de lava se extienden desde el cráter situado a 2.631 metros hasta la costa Este originando un paisaje único, casi lunar. Es un tipo de volcán que prácticamente no resulta peligroso, ya que su actividad es escasa y es muy predecible, aunque claro, la vulcanología sigue sin ser una ciencia exacta. Cuando no está activo, que suele ser en la mayor parte del año, se practica senderismo, apto para todo tipo de públicos, siendo posible caminar por el cráter y por el cercano paisaje lunar de la Plaine des Sables. Para llegar hasta aquí y disfrutar de la panorámica de la chimenea es necesario acceder por Pas-de Bellecombe, desde una carretera secundaria que parte desde el pueblo de Bourg-Murat en la carretera nacional N3.

Los franceses suelen venir en familia proporcionado a los niños un contacto único con la naturaleza. Hay varias rutas marcadas. El acceso a la caldera está permitido solamente desde las 6 de la mañana a las 4 de la tarde y se efectúa por un marcado sendero que desciende aprovechado una brecha en la muralla hasta el piso de la caldera, aunque en los momentos de acontecimientos sísmicos que preceden a las erupciones y durante éstas, el paso se cierra. Desde aquí, se extiende una red de itinerarios perfectamente señalizados con rocas pintadas en blanco que es importante no abandonar ya que la niebla que en ocasiones puede aparecer podría hacer que nos perdiéramos.

La ruta que debemos seguir durante los primeros kilómetros planea por la base de la caldera donde podemos observar un paisaje fantástico de formas rocambolescas, el suelo que vamos pisando se encuentra modelado en cordones característico de este tipo de coladas basálticas y que aparecen por el desplazamiento lento y fluido del magma por debajo de la corteza formando además los característicos tubos de lava. Al poco de iniciar el camino por la caldera del volcán nos encontramos un curioso cráter conocido con el nombre de Leo Formica (hormiga león).

Se trata de un promontorio de varias decenas de metros que se levanta como si de una trampa de hormiga león se tratara. La ruta continua de manera ascendente, y aunque no es difícil, es algo exigente físicamente, ya que se ha de superar un desnivel de 400 metros a menudo con una atmosfera enrarecida, y sofocante. En poco más de una hora se alcanza la arista del cráter Bory, el punto más elevado del volcán. La carretera de acceso al Pitón de la Fournaise por si sola ya merece la pena. Se atraviesan parajes llenos de vegetación adaptada a las condiciones de altitud y humedad (niebla constante) que hay en esta zona.

"Hay que tener en cuenta que la isla tiene más de 200 microclimas diferentes."

Se recomienda antes de visitar el volcán hacer una parada en el pueblecito de Bourg-Murat donde está situada la Maison du Volcan, un museo en el que explican la formación de la isla, la actividad volcánica y las erupciones más importantes a lo largo de la historia de La Reunión. Un audiovisual acerca al visitante toda esta información de manera visual.

 
 
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