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POLINESIA FRANCESA
Surcando los mares del sur a bordo del Paul Gauguin.
Texto y Fotos: Sergi Reboredo
Sólo con escuchar un nombre nos evoca el paraíso terrenal.
Descubrimos varias de sus islas a bordo del crucero más exclusivo de la Polinesia.

Llegar hasta la Polinesia es un viaje largo y caro, pero merece la pena. Desde la ventanilla del avión, y antes de aterrizar, ya se distinguen uno a uno todos esos tópicos por los cuales son conocidos estos mares de ensueño: aguas azul turquesa rodeando las islas de arena blanca, palmeras por doquier y una vegetación exuberante.

Aterrizar en el aeropuerto internacional de Faa´a no es lo lo mismo que hacerlo en cualquier otro aeropuerto del mundo. Aquí te reciben a ritmo de ukelele y collares de flores.

Aguas azul turquesa rodeando las islas de arena blanca, palmeras por doquier y una vegetación exuberante.
TAITÍ, puerto de entrada

La ciudad de Papeete, es la capital de Tahití y el centro de mando del resto de las islas. Es vibrante y en ella se concentran la mayor parte de tiendas, restaurantes y vida nocturna. El Boulevard de la Reine Pomare IV es el centro neurálgico. Rebosa vida a cualquier hora. Justo en la calle de atrás se sitúa el peculiar mercado público en el que además de flores, pescado, frutas y verduras también es posible comprar recuerdos en forma de artesanía, vainilla, jabones de coco y pareos. Anexo a éste se encuentra el mercado de la perla.

Casi una manzana entera repleta de tiendas dedicadas a vender collares, pulseras y todo tipo de joyas fabricadas a partir de estas esferas de nácar. Si estás dispuesto a comprar, un buen lugar para hacerlo es Tahia, la tienda más selecta y especializada. A un par de calles, antes de llegar a la Rue Paul Gauguin, está ubicado el Tahiti Tattoo, un lugar perfecto para llevarse un recuerdo grabado para toda la vida. Siguiendo por el boulevard Pomare llegamos hasta el pequeño centro comercial Vaima Centre, donde varias boutiques de moda venden toda clase de prendas de corte predominantemente surfero. Cuando cae la tarde, en la zona anexa al puerto se instalan las roulottes, divertidos restaurantes sobre ruedas, en los que tanto se puede degustar platos locales como comida china.

El resto de la isla es mucho más salvaje y menos explotada turísticamente. Lo más practico para visitarla es alquilar un coche, que además, no resulta nada caro. La carretera principal voltea la isla, y es, además, prácticamente la única carretera transitable sin un 4x4. Conviene parar sobretodo en la cascada de Papenoo, y en el faro de Venus Point que posee una magnífica playa de arena volcánica.

Paul Gauguin

Papeete también es el puerto de embarque del Paul Gauguin, el crucero, con más glamur de todos los mares del sur. Aquí se dan cita los recién casados con más parné, lo jubilados adinerados y todos aquellos que pueden permitirse pagar el capricho. Ya se sabe, viajar en crucero puede ser una experiencia de los más cool o, en cambio, de una cutrez absoluta, y en este caso el estilo y la clase están garantizados. No en vano, en uno de los restaurantes de abordo se sirve un menú degustación de una estrella Michelin idéntico al que el chef Jean-Pierre Vigato prepara en el Apicius, su restaurante parisino.

Una vez zarpa el barco, comienza una rutina diaria a base de actividades de todo tipo organizadas siempre por las gauguines y los gauguins. Ocho mujeres y dos hombres polinesios, de cuerpo modélico, y ataviados con pareos y coronas de flores en la cabeza, que igual tocan el ukelele, bailan, organizan talleres de cestería o acompañan a los pasajeros en los teenders a tierra.

La primera parada es Huahine, una de las llamadas islas de la Sociedad. Aquí no hay que perderse la visita a Maeva, donde se encuentran los restos arqueológicos más antiguos de Tahití y sus islas, en medio de paisajes místicos modelados por mitos y leyendas. La isla también ofrece otros atractivos, como los Jardines del Edén, o Aiiura Garden Paradise, el jardín de plantas medicinales polinesias, y al Eden Parc, donde admirar árboles provenientes de todo el mundo y saborear especialidades tropicales y deliciosos zumos de fruta.

En la vecina isla de Bora-Bora, siguiente parada, el capitán recomienda la excursión a la laguna azul. Un lugar de aguas poco profundas, de un color turquesa intenso, en el que se dan cita rayas y pequeños tiburones a los que no les molesta en absoluto el contacto con el hombre. También conviene explicar que acuden hasta aquí porque saben que obtendrán su merecida recompensa a modo de pan o sardinas troceadas que los guías ya llevan preparadas. Bora-Bora es la isla perfecta. Con apenas 10 km de longitud y 4 km de anchura, es un pedazo de tierra dominado por un volcán, y rodeado por una espectacular laguna y varios islotes. Pero no le falta de nada. Una recomendación es recorrer los 32km de perímetro interior en bicicleta. Prácticamente no hay desnivel y quién sabe si tendrás la suerte de cruzarte con alguna de las estrellas de rock o actores de Hollywood que merodean a menudo por estos lares, como Pierce Brosnan o Cameron Díaz, entre otros.

Bora-Bora es un pedazo de tierra dominado por un volcán, y rodeado por una espectacular laguna y varios islotes.

A Rangiroa se llega en el quinto día de navegación. Aquí los pasajeros ya han hecho sus corrillos y amistades, fruto, en gran parte por los cócteles que van y vienen sin parar y de la cerveza Hihano, la más popular de la Polinesia, que se bebe a raudales. Antes de llegar a la isla varios delfines chapotean en el agua acompañando al barco hasta su destino. El submarinismo es un must en Rangiroa, aunque playas, por supuesto, no faltan. Tiene forma ovalada, con arenales por doquier. Algunos blancos como la harina, otros rosáceos, como los de Les Sables Roses, producto de la erosión de conchas y corales.

La siguiente parada nos lleva a Fakarava. UNESCO la declaró en 2007 Reserva Natural de la Bosfera, y no es para menos. Es un destino prácticamente virgen, en el que sus habitantes han encontrado en el cultivo de las perlas negras una actividad económica no dependiente del turismo y en línea con la preservación del entorno. Una única carretera de arena discurre por este serpenteante atolón, que posee incluso aeropuerto. Las ruinas del faro de Topaka son interesantes de ver, aunque no os hagáis a la idea de encontrar el típico faro a rayas rojiblancas. Éste tiene más perecido a una pirámide azteca en desuso.

El bar situado en la proa es el más visitado al atardecer. Ver los últimos rayos de sol después de un día perfecto no tiene precio. Antes de la cena, el crucero realiza una fiesta para los “asiduos”, es decir, para los que han viajado con Paul Gauguin más de una vez, y aunque cueste de creer, una treintena de personas se dan cita. Parece ser que viajar en crucero es algo que “engancha”. Aquí la gran mayoría son norteamericanos y el resto lo componen, a partes iguales, japoneses y europeos, sobre todo franceses (no hay que olvidar que la Polinesia todavía es una estado de ultramar galo). También viajan hasta aquí algún que otro latinoamericano, aprovechando las buenas conexiones aéreas.

Taha´a es la penúltima parada. Aquí, el barco posee una isla privada en el islote de Mahana. Un lugar idílico en el que se pueden practicar diversos deportes acuáticos, tomar el sol, o escuchar como entonan el ukelele las gauguines. También se traslada hasta pie de playa uno de los restaurantes del barco que prepara deliciosos pichos y ceviche de pescado.

Moorea es la última isla a visitar antes de volver a Papeete y finalizar el crucero y es además el lugar más esperado por algunos. Desde la cubierta, antes de llegar, se divisa Tetiaroa, el islote propiedad del hijo de Marlon Brando en el que se ubica el One Bedroom Villas, uno de los hoteles más exclusivos de Tahití. Una vez en Moorea se puede alquilar bicicleta o moto en el puerto para explorar la isla al ritmo de cada uno, o bien apuntarse a uno de los tours en quad en los se visitan los lugares más emblemáticos.

Llegamos de nuevo a Papeete, el barco atraca en el mismo lugar en el que subimos 10 días antes, el viaje toca su fin. Tiempo quizás para relajarnos hasta que salga nuestro vuelo de vuelta, o bien, realizar las últimas compras.

GUIA PRÁCTICA

La mejor manera de llegar hasta la Polinesia es con Air France, con precios que van desde los 1.895 en la clase turista a los 5.176 euros de la clase business, que además acaba de renovar asientos. Éstos, se convierten en una cama horizontal de 1,96 metros de longitud y se han desarrollado en torno al concepto 3 F: Full Flat. El asiento se transforma en cama horizontal de 180°, Full Access – Acceso directo al pasillo, sea cual sea la situación del asiento en la cabina , Full Privacy – Espacio preservado gracias a las curvas envolventes del asiento. La nueva clase Business también ofrece una pantalla táctil de alta definición de 16 pulgadas y más de 1.000 horas de programación. www.airfrance.es

CLIMA

El clima polinesio es de tipo tropical con dos estaciones principales: la estación de lluvias entre noviembre y abril, donde la humedad es muy alta y el calor fuerte, con temperaturas alrededor de los 30°C, y la temporada seca, entre mayo y octubre, donde las precipitaciones son más bien escasas y la atmosfera seca con temperaturas que rondan los 25ºC. Por otra parte, los vientos alisios refrescan agradablemente los días demasiado calientes. La estación seca es la más adecuada para descubrir la Polinesia, en condiciones ideales.

DONDE DORMIR

Le Meridien Tahiti. www.lemeridientahiti.com Tamanu, 97718 Punaauia, Tahiti. Este hermoso complejo está rodeado de jardines tropicales y ofrece preciosas vistas a la laguna y a Moorea. Cuenta con piscina tipo laguna con fondo de arena a unos metros de la playa de aguas cristalinas. El establecimiento cuenta con pista de tenis, instalaciones de voley playa, kayaks y ping pong. Ofrece servicio de masajes en la habitación y alberga 2 restaurantes y 2 bares. También organiza excursiones a la cueva de Maraa, al Museo Gauguin y al Museo de las Conchas. Se encuentra a tan solo 15 minutos en coche del aeropuerto internacional de Faa’a. Precios a partir de los 239 euros.

MÁS INFORMACIÓN

Paul Gauguin cruise: www.paulgauguincruiseline.com

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