ZANZIBAR
La isla de las especias.
Texto y Fotos: Sergi Reboredo
 
Antaño fue un mercado de esclavos y especies, colonia británica y base de grandes exploradores. Hoy en día es un auténtico paraíso, con playas de arena blanca, un mar azul turquesa, hoteles con encanto y ciudades con las que todavía se puede evocar el pasado.
 
 

Desde la ventana de la avioneta que lleva a Zanzíbar comienza a desdibujarse el paraíso. Pequeños islotes de arena blanca impoluta rodean un mar azul turquesa surcado por viejas embarcaciones típicas en la zona, llamadas “dhows”. Son prácticamente los mismos navíos con los que Simbad el marino y otros ávidos comerciantes transportaban el clavo, la vainilla, la nuez moscada o el cardamomo hacia los mercados de India, Arabia y Oriente.

Su nombre proviene de Zinj el bar, lo que viene a decir: isla de negros. Los que la pusieron por vez primera en el mapa fueron los navegantes griegos y egipcios y Marco Polo la citó de oídas. Después del siglo IX, Zanzíbar ya comerciaba con Arabia y Persia con productos como el oro, marfil, pieles de leopardo o cuernos de rinoceronte. Años después también lo hizo con Asia y la India, con los que intercambiaron telas y porcelana. Por su situación privilegiada, a pocos kilómetros de la costa de África y en plena ruta de las especias, Zanzíbar no tardó en convertirse en destacado centro comercial.


Stone Town

No es difícil rememorar la época de "Las mil y una noches”. Los aromas y olores que se desprenden en Stone Town, la mítica Ciudad de Piedra, no difieren demasiado 12 siglos después. La capital de Zanzíbar es un auténtico caos, un laberinto de callejuelas que da vida a más de 2.500 edificios de una incalculable importancia artística o histórica. Un vivo recuerdo de su pasado, en el que lamentablemente se hizo famosa por el tráfico de esclavos, además de haber sido punto de partida de las expediciones de Livingstone y Stanley y por ser un cruce de culturas que abarca desde la suajili hasta la árabe, pasando por la india, la portuguesa y la inglesa. Entre sus recovecos, destacan torres circulares, hermosas mezquitas, puertas de madera talladas y tachonadas con figuras geométricas de hierro.

El mercado de Darajani es sin duda uno de los must de la ciudad. Un lugar para experimentar con todos los sentidos, aunque sobretodo el del olfato. Aquí, el aroma de las especias se entremezcla con el hedor del pescado. La gente grita para pregonar sus mercancías. Es este lugar es posible encontrar cualquier cosa, desde colorida y exótica fruta, animales, recambios de automóviles, y por supuesto, cualquier cosa de plástico fabricada en China. Después del mercado es necesario hacer una pausa y buscar algún lugar tranquilo como por ejemplo el The Post – Tapas & Wine Bar en que tomarse una cerveza helada Kilimanjaro mientras se saborea alguna tapa.

Varios artistas locales compiten a pie de calle por vender sus cuadros recién pintados. Siempre de un intenso colorido los acompaña, y sus motivos, o bien hacen referencia a animales exóticos o bien retratan a sus congéneres. El Bao es el juego local por excelencia y casi siempre son hombres los que lo practican al cobijo de una sombra. Se juega sobre una especie de bandeja de madera con pequeños departamentos en los que se van colocando piedras de colores. 

El Bao es el juego local por excelencia.

La Ciudad de Piedra ocupa una especie triángulo que se adentra en el mar. En la parte norte se encuentra el puerto de carga. No se encuentra en las rutas turísticas, pero es interesante ver como cargan y descargan los inmensos dhows llenos hasta los topes de mercancía. Aquí todo se hace a mano, como antaño. Enormes fardos de más de 50 kilos se transportan uno a uno desde el barco a tierra firme a lomos de porteadores a los cuales parece no importarles demasiado el tórrido calor de medio día.

Otros lugares interesantes de visitar son La Casa de las Maravillas, Beit el-Ajaib para los locales. Es un llamativo edificio de planta cuadrada y varios pisos con impresionantes balcones que remata con una torre con relojes. Fue el primero en contar con iluminación eléctrica (de esta particularidad nace el nombre). También aquí hay un interesante Museo de Historia y Cultura dedicado a la Costa Swahili y Zanzíbar.

También es interesante el Fuerte Árabe, probablemente la construcción en pie más antigua de Stone Town erigida por los omaníes alrededor de 1700.

Forodhani Gardens, frente a la Casa de los Deseos es quizá la plaza de mayor ambiente, un lugar que va animándose a medida que cae la tarde. Al atardecer, en frente de esta plaza se reúnen los jóvenes cada tarde para jugar saltando al agua de la manera más estrambótica posible. Cae la noche y la cosa se anima. De repente, puestos ambulantes de comida rápida aparecen como setas por arte de magia. La mitad ofrece pinchos de pescado y marisco y la otra mitad la famosa pizza de Zanzíbar, un conglomerado de diferentes ingredientes con influencias de la India y de Medio Oriente que nada tiene que ver con lo que nosotros entendemos por una pizza.

Para estar a la moda, nada mejor que explorar el resto de la isla a lomos de una mítica moto Vespa. Se alquila por unos 25-30 USD al día. No conviene correr demasiado, ya que el firme de las carreteras no está en el mejor estado posible y a menudo desaparece para dejar paso a una sucesión de baches y de arena. Pero aún así, compensa por el plus de libertad que otorga y por el hecho de poder llegar a zonas remotas en las que encontrar playas solitarias con aguas azul turquesa y palmeras de tronco estilizado.


The Residence, un refugio exclusivo

Después del bullicio de Stone Town es necesario encontrar un hotel con mucha paz y armonía en el que seguir soñando. Está situado al sur de la isla, en un enclave de interminables playas doradas con las típicas palmeras caribeñas. Cada una de sus 66 villas ha sido diseñada por el arquitecto Ecoid y decorada por el estudio Hirsch & Bedner Associates, dando como resultado unos interiores repletos de influencias swahilis, omanís, británicas e hindús en lo que no falta ni un solo detalle. Todas gozan de piscina particular, aunque el hotel también dispone de una gran piscina acristalada. Junto a esta se sitúan los dis restaurantes, The Dinning Room y The Pavilion, que de la mano del chef Raymond Beck ofrecen exquisitos platos locales combinados con lo mejor de la cocina internacional. Les recomiendo entre otros, probar el Atún a la plancha con semillas de sésamo, piña y ensalada de papaya. También es un lugar privilegiado para ver las puestas de sol y observar al anochecer los millones de estrellas que se apelotonan en el cosmos.


Kizimkazi Dimbani

A escasos dos o tres kilómetros del hotel, siguiendo la línea de la playa hacia el norte llegamos hasta el pequeño poblado de Kizimkazi Dimbani. No es famoso por nada, y justamente por ello no son demasiados los turistas que lo visitan. Por el camino es fácil toparse con pescadores que preparan sus trampas artesanales. El pescado se extiende sobre las esteras de hoja de palma y se deja secar al sol vertical del mediodía. El ritmo sosegado contrasta con el bullicio de la capital. Una madre decora con henna la cara de su hija recién nacida para protegerla del mal de ojo, y los niños salen a buscar caracolas de mar durante la marea baja después de recitar de memoria las suras del Corán en la madraza del pueblo. Las piraguas se encallan en la arena durante la marea baja y los hombres dedican la última hora de la tarde a quemar las algas que han quedado pegadas al fondo. En Kizimkazi todo el mundo está dispuesto a conversar contigo, quieren sobretodo que el mzungu les explique anécdotas de la vida de occidente, el verdadero paraíso para ellos.


MONEDA

La divisa local es el Chelín tanzano (abreviado TSh), en cambio la divisa extranjera más difundida es el dólar, aunque también se cambian euros sin problema. Actualmente 1 USD equivale más o menos a 2000 TSh y se puede efectuar el cambio en diferentes Bureau of Change, como la que hay en Stone Town. Se puede utilizar la tarjeta de crédito para pagar algunos servicios, como los hoteles, excursiones, etc. Si la tarjeta es de crédito lleva una comisión añadida del 4-5%. Los cajeros automáticos están comenzando a llegar a Zanzíbar. En Stone Town hay dos que pueden utilizarse para retirar dinero en caso de necesidad.


CLIMA

Hay dos temporadas de lluvias, la más importante (de origen monzónico) es entre los meses de Abril y Mayo, por lo que se conoce a estos meses como la "temporada verde", aunque no llueva cada día. La otra temporada, con lluvias menos intensas, se da en los meses de Noviembre y Diciembre. Oficialmente el mes de más calor es Diciembre y el de menos, Junio.

Zanzíbar posee un clima agradable durante buena parte del año, ideal para el buceo y la playa.
DONDE DORMIR

The residennce. Mchamgamle, Kizimkazi, PO Box 2404, Zanzibar, Tanzania.
Teléfono: +255 245 555 000.
Indiscutiblemente es la mejor opción para alojarse en Zanzíbar. 66 lujosas villas con precios que oscilan entre los 500 y los 3.125 euros.


MÁS INFORMACIÓN

Oficina de Turismo de Zanzibar.
The residence Zanzibar: www.cenizo.com

 
 
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