XI’AN
La ciudad de los guerreros.
Texto y Fotos: Sergi Reboredo
 
Hogar de los Guerreros de terracota del emperador Qin Shi Huang, capital de doce dinastías, punto de partida de la Ruta de la Seda en su extremo oriental, centro político de la China durante los siglos de su máximo esplendor y por si fuera poco, una muralla construida durante la dinastía Ming, confieren a esta ciudad una importancia vital para poder entender el pasado histórico del gigante asiático.
 
 

EL EJÉRCITO DE GUERREROS DE TERRACOTA.

El descubrimiento de los guerreros, como la mayoría de descubrimientos arqueológicos, se produjo por una casualidad. Era la primavera de 1974 y unos campesinos excavaban un pozo cerca del monte Li, cuando, de repente, encontraron los fragmentos de una de las estatuas de terracota. Antes del hallazgo ya existían rumores de que cerca de la ciudad de Li Tong se encontraba sepultado el primer emperador de China, y los rumores se convirtieron en ciencia cierta.

"Bajo unos cuantos metros cúbicos de arena roja, se encontraron 7.000 guerreros de terracota montando guardia junto al mausoleo del emperador Qin Shi Huang."

El Primer Emperador pasó a la historia con el logro de haber unificado China. Empezó reinando a la temprana edad de 13 años y su mandato no pasó desapercibido. Algunas de sus hazañas fueron conquistar seis grandes reinos, unificar las medidas, la moneda y la escritura, construir infinidad de carreteras y canales, y crear un gobierno centralizado y eficiente que sirvió de modelo para el resto de dinastías que le precedieron. Pero no todo el mundo lo recuerda por sus proezas ya que también fueron incontables sus atrocidades entre las que se recuerdan, como, por ejemplo, esclavizar a miles de congéneres para obligarlos a trabajar en sus faraónicas construcciones, quemar casi todos los textos escritos anteriores a la época, enterrar vivas a unas 500 personas que se manifestaron contrarias a sus intereses, además de tener fama de paranoico. Fruto de esta perturbación, cuentan los historiadores, que Qin Shi Huang esperaba continuar su reinando una vez muerto y para ello no escatimó en recursos. Su ambición lo llevó a reclutar a 700.000 soldados por todo el país para que trabajaran en su megalítica morada eterna que se extiende en una superficie de 56 kilómetros cuadrados.

El complejo monumental de los Guerreros de Xi’An se compone de varias fosas y es aconsejable comenzar por las menos importantes, las fosas dos y la tres, y dejar la más grande e importante, la uno, para el final.

La segunda fosa es la más pequeña aunque la más organizada. Alberga la colección de figuras de caballería del ejército Qin compuesto por más de 1.300 piezas, entre caballos y caballeros, dispuestas en catorce filas, protegidas por una avanzadilla de arqueros arrodillados. En esta sala también nos podemos deleitar más de cerca con la presencia de cinco soldados: un par de arqueros, un soldado con su caballo y un par de oficiales de medio y alto rango. Al poderlos contemplar a una distancia menor se percibe el grado de perfección y manipulación de las esculturas, en las que está cuidado hasta el mínimo detalle, teniendo en cuenta, además, que ninguna de las piezas se hizo en serie y que cada pieza es única y diferente al resto.

La fosa tres es la más pequeña y está ubicada veinte metros al noreste de la primera. En ella se encuentran únicamente 72 figuras, compuestas mayormente por oficiales, comandantes y generales de alto rango pertenecientes a la unidad de mando.

"Cuando uno llega a la fosa número uno, le invade un silencio interior, muestra del asombro al contemplar en perspectiva las 6.000 figuras de guerreros, carros y caballos de terracota dispuestos en posición de batalla y alineados hacia el extremo oriental."

Los arqueros cubren las zonas más meridionales aunque también ocupan las tres primeras líneas de fuego junto a los ballesteros, a continuación se disponen los carros arrastrados por cuatro caballos y un auriga, defendidos por batallones de guerreros. Posteriormente, aparece el grueso del ejército dispuesto en 36 hileras y armados con lanzas, hachas, puñales, espadas y ballestas. Las figuras están esculpidas en terracota a un tamaño natural de entre 1’76 y 1’82 metros, modelados de uno a uno probablemente a imagen y semejanza del ejército que en aquel momento servía al emperador Qin Shi Huang. Todas las estatuas estaban además pintadas en colores vivos denotándose en sus peinados y vestimentas que pertenecían a etnias diferentes.

Años más tarde, en 1980 se hizo otro singular descubrimiento 20 m. al oeste de la tumba de Qin: un par de carros de bronce con ruedas con tiro de cuatro caballos, que reproducen fielmente los carros de gala y que se exhiben en un pequeño museo ubicado a la derecha de la entrada principal.

 

TERMAS DE HUAQING

Aprovechando el trayecto del autobús que llega a la zona arqueológica de los guerreros de terracota, se puede aprovechar para hacer una parada técnica en las Termas de Huaquing, sobretodo si el día acompaña. Durante la dinastía Tang, éste fue el lugar predilecto para bañarse y disfrutar del entorno ajardinado por los emperadores y sus concubinas. En la actualidad, todavía se conservan algunos baños termales públicos en los que el agua alcanza los 43ºC, aunque la mayoría de turistas opta por pasear por las zonas boscosas o bien subir hasta el templo taoísta situado en el monte Li Shan, llamado también “monte del Caballo Negro” por la forma en que se asemeja la montaña a la silueta de un equino.

"Cuenta la leyenda que el templo está dedicado a Nuwa porque fue ella quien creó a lo seres humanos al transformarlos de figuras de barro a lo que somos hoy en día mediante la esencia mágica de su aliento."

EL BARRIO MUSULMAN

Después de haber visitado los guerreros de terracota, uno cree que Xi´an difícilmente puede volver a sorprendernos, pero no es así. Cuando uno se pasea por el barrio musulmán descubre cosas tan auténticas como asombrosas.

El lugar ha sido morada durante siglos de más de 30.000 chinos musulmanes pertenecientes a la minoría étnica de los Hui, descendientes de persas, árabes y centroasiáticos, que huyendo de las invasiones mongolas se establecieron en esta parte de China en la época de la dinastía Ming. Básicamente son comerciantes. Los callejones que delimitan el barrio recuerdan a primera vista a los zocos marroquíes o tunecinos, aunque en este caso algo más sobrios. Se trata del lugar perfecto en el que aprovisionarse de suvenires a buen precio. Aquí encontraremos camisetas, bolsos, relojes, pulseras, pinturas, jarrones, guerreros de terracota en todos los tamaños y materiales, y cualquier otra artesanía que podamos imaginar, junto a las imitaciones de las grandes marcas. Además de las compras, si algo que a primera vista llama la atención es la gran cantidad de puestos de comida, en los cuales es posible comer a cualquier hora del día. Es un lugar que siempre se encuentra animado. En los hornos a pie de calle se elaboran unas deliciosas tortas de pan a las que luego se le pueden añadir infinidad de ingredientes, los sabrosísimos dulces fritos con aceite de sésamo también juegan un papel importantísimo, al igual que los frutos secos que se encuentran a cada cinco pasos.

El enclave de reunión del barrio es La Gran Mezquita que se encuentra ubicada en el corazón del zoco. Los hombres, con pobladas barbas blancas y bonete blanco van y vienen en acompasada sintonía, mientras sus mujeres ataviadas con mantilla negra de encaje se hacen cargo de los negocios familiares. La mezquita está erigida en una mezcla arquitectónica de arte chino e islámico, siendo una de las mayores de toda la República Popular China, ya que ocupa 12.000 metros cuadrados. Se construyó orientada hacia el este en el año 742 durante la dinastía Tang aunque posteriormente fue restaurada durante las dinastías Ming y Qing. El lugar más destacado es el Salón Principal que se utiliza cinco veces al día para el rezo. En su interior, en el que destaca el techo pintado en color turquesa, se pueden admirar grabados en ébano versos del Corán. El complejo también cuenta con patio interior en el que los creyentes cenan cada noche mientras reflexionan sobre asuntos religiosos. Cuando cae la noche, unas bombillas multicolores engalanan el minarete y el muro de los espíritus, diseñado para mantener alejados a los demonios.

 

INTRAMUROS: TORRE DE LA CAMPANA Y TORRE DEL TAMBOR.

Al caer la tarde, los turistas dirigen sus pasos fuera de intramuros hacia zona sur de la ciudad, a la Pagoda del Gran Ganso, símbolo de Xi´an y lugar donde se encuentra el templo de Da Ci´en. La pagoda fue construida en el año 652 para mantener a buen recaudo los 657 volúmenes de escrituras budistas que el monje Xuan Zang trajo de la India. La zona está rodeada de infinidad de jardines y fuentes que cada tarde, en cuanto llega el atardecer, cobran vida. Inmensos chorros de agua manan acompasados por la música y los rayos de luz, en un espectáculo nocturno que congrega a multitud de foráneos.

 

PASEO EN BICICLETA EN LAS MURALLAS DE LA CIUDAD

Quizás la mejor manera de despedirse de esta ciudad sea la de aprovechar los 14 kilómetros de perímetro con los que cuenta la muralla para realizar un agradable paseo en bicicleta, que mismamente puede ser alquilada en el acceso de la puerta sur. A pesar de no ser tan afamada como otras, es la muralla mejor conservada de todas las que defendían las ciudades chinas. Fue construida entre 1374 y 1378 sobre la ciudad prohibida de la dinastía Ming y hoy en día todavía sigue íntegramente en pie. Su forma es rectangular, elevada a unos 12 metros del suelo, y su ancho varía entre los 15 y los 18 metros. Cuenta con varias vías de escape además de las 4 puertas principales que están ubicadas en cada uno de los puntos cardinales.

Al anochecer se encienden las luces que rodean a los edificios ubicados en los accesos principales, así como los farolillos rojos diseminados a lo largo y ancho de la muralla, aportando un toque místico y romántico ideal para despedirse de esta ciudad, que guarda entre sus murallas toda la majestuosidad, esencia e historia de la vieja China.

 
 
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